Desde Funeraria Aragón sabemos que debido a la pandemia durante muchos meses las ceremonias se han vuelto cortas y apresuradas, ya ni siquiera hay tiempo para honrar a los muertos. Mientras tanto, aunque el número de nuevos infectados empieza a descender, las muertes diarias siguen siendo tristemente altas, pero detrás de estas cifras no sólo hay números, sino familias enteras destruidas por el dolor de perder a un ser querido. En esta situación siguen al frente los operadores de servicios funerarios, que obligados a horarios extenuantes deben gestionar una carga de trabajo nunca vista, todo ello unido a la nueva legislación muy estricta y al peligro constante de ser infectados, lo que hace que este trabajo sea mucho más angustioso de lo que ya es.

¿Cómo han cambiado las ceremonias?

El primer decreto emitido por el gobierno para combatir la propagación del Covid-19 también contenía una nueva y precisa disciplina para los servicios funerarios, que limitaba severamente la participación en los mismos y hacía que la ceremonia fuera más apresurada, casi aséptica. Tras la constatación del fallecimiento, los directores de las funerarias actuaban inmediatamente y colocaban el cadáver en el ataúd lo antes posible. El cadáver ni siquiera se vestía si se trataba de una persona afectada por el Covid-19, sino que se envolvía en un sudario especial empapado en desinfectante.

A continuación, el féretro se cierra lo antes posible y se transporta al cementerio para un breve servicio en el que sólo pueden participar los familiares cercanos, un máximo de cinco, y sólo si no están en cuarentena. Ya no existe la posibilidad de ver al querido difunto por última vez, de rezar y llorar junto a su lecho y ni siquiera hay paso a la iglesia, lo que elimina casi por completo el carácter sagrado del funeral. Quiénes pagan el precio son especialmente las familias porque en muchos casos la celebración del funeral no sólo tiene una importancia religiosa, sino que es un primer paso para afrontar y superar el duelo de la pérdida.

Para vivir con dolor esta situación están también los directores de funerarias, que se ven sometidos a la tensión creciente de un trabajo que se hace más difícil día a día, tanto en el plano concreto como en el emocional.

Funerales diferentes

La asistencia a las ceremonias es limitada y las familias se ven afectadas, por lo que se ayudan de las nuevas tecnologías para dar un último adiós. Sucede que cuando sólo está presente un miembro de la familia, suelen tener su teléfono en la mano para hacer fotos o vídeos de la breve función. Estos métodos se están convirtiendo en una práctica en toda España, lo que permite a los que quieren participar, hacerlo aunque sea a distancia.

Otra cuestión delicada es la recuperación de los objetos personales del fallecido, que en algunos casos puede ser complicada, ya que incluso los objetos personales pueden convertirse potencialmente en un vector de virus.

Un trabajo estresante y peligroso

El trabajo de director de funeraria se ha convertido no sólo en algo muy estresante, sino también muy peligroso, ya que implica frecuentar las salas de los hospitales varias veces al día y entrar en estrecho contacto con los infectados que han fallecido. El personal del hospital desinfecta todos los cuerpos justo después de la muerte, pero sigue existiendo el riesgo de contagio porque la muerte no agota la carga viral de un cuerpo

Trabajar en estas condiciones eleva el estrés a un nivel muy alto, no sólo porque observas en directo el reguero de muertes que está dejando este virus y sientes el vacío que estas muertes están dejando a las familias, sino también porque temes por tu propia seguridad y la de tus seres queridos.

Y por supuesto, siempre llevar guantes y mascarilla incluso en la oficina, teniendo especial cuidado con todo lo que se toca.

Crematorios al límite

Tras meses de emergencia, las funerarias de toda España están al máximo de su capacidad para atender todas las solicitudes. Para hacer frente a ello se pone todo el empeño y la profesionalidad posible, tanto física como psicológicamente. Es una carga emocional  muy pesada, ya que se llegan a gestionar un gran número de funerales al día.

La cuestión del elevado número de muertos ha implicado también el problema de las cremaciones, ha habido tantos cadáveres que los crematorios no podían aguantar el ritmo de trabajo.

Trabajar en la funeraria durante la epidemia significa formar parte de esas categorías en “primera línea“, las que no pueden quedarse simplemente en casa, sino que deben trabajar cada día porque su servicio es necesario para la comunidad. En esta categoría se incluyen no sólo los médicos y las enfermeras, sino también los mensajeros, los cajeros y los estantes de los supermercados y muchos otros trabajadores de sectores considerados necesarios. Pero la diferencia es que cuando trabajas para el funeral no recibes aplausos y piropos, no te dedican dibujos y poemas, no te elogia el alcalde o el político de turno y ni siquiera te consideran un héroe. Así que sólo queda el agradecimiento de las familias, el apoyo de los compañeros y la conciencia de hacer bien el trabajo a pesar de todo.

En FUNERARIA ARAGÓN queremos acompañarte en tus momentos más difíciles, garantizando un servicio funerario completo y apostando siempre por la tranquilidad que necesitas. Llevamos más de cuarenta años apoyándote en Zaragoza y provincia, nos ponemos a tu disposición para que confíes en nuestra experiencia y cercanía.